Luis Royo (arriba a la izquierda), Ángel Salamanca (abajo a la derecha) Martes, 12 de octubre de 2004, Madrid. Dos ancianos caminan abriendo el desfile de las Fuerzas Armadas. Encabezan un pequeño grupo vestido de civil que desfila ante la Familia Real por decisión del entonces ministro de Defensa, José Bono, y del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. El grupo avanza en columna de a dos desprovisto de la energía castrense que le rodea, y sorprende la distancia que los dos ancianos mantienen entre ellos, mayor que la del resto de parejas. Una voz va narrando al gentío que ha acudido a la plaza de Colón lo que sucede. La inmensa mayoría masculina y marcial que espera a desfilar con sus armas en ristre no alcanzará a oír a esa voz pronunciar las palabras “La paz y la concordia han quedado para siempre establecidas” . Viendo a los dos ancianos, uno no puede adivinar sus pensamientos, pero ambos son conscientes de protagonizar dicha frase. Quizás su único modo de expresión,...