martes, 7 de julio de 2015

Grecia: salir del euro, un destino inexorable

El desenlace final de la crisis griega está ya determinado y es independiente de los resultados del referéndum del 5 julio. Grecia no puede sobrevivir en el euro, y, sin entrar a descubrir los vericuetos del camino que tendrá que recorrer, tarde o temprano tendrá que abandonar la unión monetaria.
Alexis Tsipras. Entrevista en la TV pública griega
Baste indicar en apoyo de esta conclusión que cuando se valora cuál debería ser la cotización del dracma si Grecia recuperase su vieja moneda, nadie avanza una desvalorización de menos del 50%. Dicho de otra forma, siguiendo en el euro, la economía griega tiene que competir con una moneda sobrevaluada en un 50%, una garantía de incurrir en un déficit exterior insostenible. Si a ello se añade el montante de la deuda externa de Grecia, la privada y la que tiene el gobierno con las instituciones de la Troika (los rescates solo ha servido para cambiar una por otra, salvar a bancos privados por deuda institucionalizada) , y el volumen de la deuda pública del Estado griego, que también todo lo mundo reconoce impagable, hasta el FMI, pretender que Grecia sobreviva en el marco de la unión monetaria es una verdadera locura como opción política y una imposibilidad metafísica como alternativa real.
Otras dos reflexiones previas es necesario hacer antes de comentar los resultados del referéndum. El caso de Grecia tiene una trascendencia que va mucho más allá del sí o el no del pueblo griego. Hay una lucha ideológica entre los neoliberales representados por la Troika, defensores de la austeridad y el dominio ciego de los mercados y las fuerzas políticas que desean frenar la globalización, restablecer la democracia y que las naciones recuperen la soberanía económica y monetaria. La salida de Grecia supondría un antecedente que puede acabar con la unión monetaria y hacer saltar por los aires el actual modelo de la integración europea. La desesperación de Grecia puede llevar a cambios en las relaciones internacionales, con repercusiones estratégicas de alcance insospechado (Obama sigue de cerca el asunto griego, Tsipras ha visitado a Putin, China se ha instalado en el Pireo) y, en fin, muchas cuestiones hasta de carácter geopolítico y militar se removerán a escala europea e internacional a partir de la crisis griega. Con Grecia se abre la caja de Pandora.
Tan importante es Grecia y tan inexorable su destino que, en el fondo, como segunda reflexión, tiene poca importancia el resultado del referéndum. Tan tozuda es la realidad, que no cabe muchas veces resolver los dilemas históricos consultando democráticamente a los pueblos. Las circunstancias pesan tanto que el futuro está escrito con independencia de los deseos de la población, como es el caso cuando las deudas devoran a quien las padece. Por no considerar cuando el pueblo que ha de elegir se ve sometido, como lo han sido los griegos a lo largo de la semana, a toda clase de injerencias, intoxicaciones, chantajes y miedo, de modo que, no ha podido expresarse democrática y libremente sobre lo que es el dilema o encrucijada a que a se enfrenta de verdad la sociedad griega: si es seguir en el euro, aceptar los recortes, los ajustes y la austeridad que le imponga la Troika y profundizar en la catástrofe actual, o si desea romper con la unión monetaria y emprender un camino que, aunque lleno de dificultades, le permita construir un futuro esperanzador. Los que ya han creado el drama griego son los partidarios de impulsar la tragedia.
Por supuesto, todo lo anterior no elimina el gran significado político de los resultados del referéndum. Es trascendental que el pueblo griego haya apostado por romper el dogal del euro, decidido a abandonar la jaula en que está atrapado. A partir de ahora, el pueblo griego es más dueño de su destino al rechazar ante el mundo el “vivan las cadenas” al que quieren someterlo los poderes económicos y toda la derecha política europea. Es la hora de un gobierno firme, decidido y audaz, que sea capaz de adoptar las resoluciones necesarias para poner en marcha un proyecto con soberanía económica que pasa por recuperar una moneda propia y declarar contundentemente que la sociedad griega no está en condiciones de afrontar su deuda exterior y pública.
El gobierno de Syriza, lamentablemente hay que reconocerlo, no ha estado a la altura de las circunstancias desde su formación en enero de 2015. Antes de las elecciones, admitiendo que era compatible un programa contra la austeridad y con líneas rojas no traspasables en su política, como las pensiones y el IVA, con un país financieramente quebrado, y luego haciendo caso omiso de su programa electoral y sentándose a la mesa con sus despiadados enemigos de la Troika, creyendo ingenuamente que era posible un acuerdo razonable. Ha mantenido una confusión deplorable a lo largo de la semana y una incertidumbre bastante inadmisible sobre las consecuencias que tendría un resultado u otro en el referéndum. Aún hoy, ya con los datos sobre la mesa, no se sabe lo que pretende el gobierno de Syriza. La falta de previsión, firmeza, rigor y coraje son manifiestas, y no puede considerarse un atenuante reconocer la extraordinaria complejidad que tiene la situación de Grecia.
Hay que recordar en el campo de la política española la tibieza y desorientación de las fuerzas y organizaciones que siempre han apoyado a Syriza, cuando subiéndose al carro del vencedor querían ser o construir la Syriza española. Son los mismos que en la cuestión del euro defendían la ambigüedad de Tsipras y resaltaban su sutileza argumental, creyendo que era de una gran habilidad política rechazar las exigencias de la Troika sin plantear con crudeza el abandono de la unión monetaria.
El patetismo de entonces sigue vigente. La izquierda en general denuncia a la Troika, defiende el “oxy”, apuesta por la democracia y la soberanía del pueblo griego, pero cierra firmemente la boca sobre la cuestión clave de qué hacer en Grecia, cuando algún partido furiosamente “eurista” y penosamente equivocado sostiene que Grecia debe mantenerse como parte de Europa, algo inevitable a menos que sea borrada del mapa.
Por parte de Crónica Popular hemos publicado la declaración del Fórum Internacional de Atenas, celebrado el 26 y el 28 junio. Un No rotundo al acuerdo o desacuerdo con la Troika y un No rotundo como rechazo a la unión monetaria. Tal nos parece la política correcta, limpia y valiente.
Crónica Popular

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