viernes, 5 de junio de 2015

CUANDO LA "ESPERANZA" ES UN ESPERPENTO

Viendo el programa de Wyoming confirmé la sospecha que rondaba hace tiempo mi cabeza. Fue gracias a la interpretación que el  psicoanalista Carlos Fernández hizo de las últimas ocurrencias de doña Esperanza Aguirre y sus erráticos cambios de criterio. ¿Qué tiene la condesa que de su boca de fresa (ácida tirando a corrosiva) brotan disparates como si no hubiera un mañana?
Esperanza Aguirre "nerviosa"
El diagnóstico del especialista no podía ser más revelador. Aseguró que tal comportamiento solo podía deberse a una enajenación mental fuerte. Un estado que definió como “síndrome de omnipotencia en las ideas”. Algo que ocurre cuando el individuo/a sufre un violento shock porque su visión de la realidad no coincide con la opinión que otros manifiestan.
Entonces comprendí que dicho mal debe ser altamente contagioso porque lo de Aguirre no es un caso aislado. Es cierto que parece difícil superar el listón de la lideresa engendrando delirios paranoicos sobre soviets que pretenden tomar los distritos españoles provocando el hundimiento de la democracia occidental. O ese empecinamiento en relacionar con ETA cualquier linea de pensamiento que discrepe con la suya. La mentira (disfrazada de campechanería chulapona y cañí) ha sido el motor de su carrera política. Y le ha funcionado en muchas ocasiones. Es curioso escuchar a algunas personas hablando de la amenaza bolivariana que supone Podemos. Sobre todo si consideramos que, muchos de los que repiten este mantra, serían incapaces de señalar Venezuela en un mapa y no tienen pajolera idea de quién era Bolivar. ¿Serán víctimas colaterales de la enfermedad de Espe?
Pero como ya he apuntado, doña Espe no es la única que está flipando en colorines. La concejala valenciana de cultura, Nuria Losada, ha dado un salto cualitativo en lo referente a la emisión de despropósitos. La pobrecica ha expresado en las redes sociales su preocupación por la quema de conventos y violaciones de monjas que va a acarrear el ascenso de la izquierda a su enajenado entender. Y esto no es nuevo. El ¿periodista? Hermann Tertsch ya vaticinó hace unos meses observando los posos del café que, de llegar Podemos a tocar poder, Iglesias y su banda de desgarramantas matarían a la gente por cuestiones políticas.
Es duro comprobar que existe un mal endémico entre el facherio nacional que les obliga a desvirtuar la realidad para ajustarla a la enfermiza lógica de sus desquiciadas mentes. Pero al menos resulta menos grave pensar que esta sarta de barbaridades ponzoñosas no son fruto de la soberbia absolutista sino de algún trauma infantil o de la falta de oxígeno en el momento del parto. Porque si no estuvieran tan malitos se podría pensar que están insultando la inteligencia de la ciudadanía inventando estas carroñas con el único fin de recuperar el poder que han perdido por su pésima gestión. Pero no seamos malpensados. Nadie en su sano juicio haría como Esperanza Aguirre: criticar el programa de Manuela Carmena (pese a reconocer que no se lo ha leído) a la par que admite desfachatadamente que ella misma se presentaba sin programa para que la oposición no pudiera acusarle luego de no haberlo cumplido.
¿No es cosa de locos? En fin, quizás exista una terapia colectiva o alguna vacuna que pueda solucionar el problema de esta gente. De haberla, propongo que se la dispensen con mayor diligencia que se hizo con los enfermos de hepatitis C. Por mera humanidad. Porque aquí, ya casi no nos quedan científicos para descubrir una cura. Tuvieron que levantar el vuelo hacia otras tierras a causa de la insensatez con que se recortó en sus proyectos de investigación. Pues eso, cosas de locos.

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