“Jamás desesperes, aun estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante”- Miguel de Unamuno. En mis noches de insomnio acechan las tinieblas intentando nublarme la conciencia. Es tentador arrebujarse en un ovillo, como el feto que un día fuiste, autista a los estímulos malignos que estos días te sirven en sus portadas los “regeneradores” medios de comunicación. Los privados por acción y los públicos por omisión. Raciones diarias de casquería y putrefacción para las tres comidas te invitan a esperar a que escampen los negros nubarrones, una verdadera ciclogénesis explosiva de desvergüenza y vileza, para asomar las orejas. Las siete plagas de Egipto son una insignificancia si las comparamos con lo que nuestro pueblo viene padeciendo estos últimos años. Desempleo, corrupción, exclusión, abandono, quebranto de las libertades democráticas, saqueo sistemático de los recursos públicos y, para que no falte de nada, una peste moderna gestionad...