jueves, 1 de marzo de 2018

MUJERES RADICALES QUE LA HISTORIA OLVIDÓ

Portada del libro 'Mujeres Radicales del Mundo'

Artistas, atletas, piratas, punks... La escritora Kate Schazt y la ilustradora Miriam Klein recopilan un plantel de mujeres injustamente olvidadas. A través de sus semblanzas, rellenan con sus voces un relato incompleto de la humanidad.
La historia se las dejó por el camino. Quizá porque no fueron consortes de, musas de o reinas de. O quizá porque hicieron de su capa un sayo en un mundo de hombres. Leer historia es, también, dar un paseo por un mundo hecho de omisiones, sortear un buen puñado nombres propios que la pluma del cronista decidió eludir. Remendar ese relato no es tarea fácil, echar la vista a atrás y nombrarlas —de nuevo o por primera vez— se antoja urgente para vernos, por fin, tal y como somos.
Se trata, a fin de cuentas, de lo siguiente: “Cierra los ojos y piensa en un pirata. Piensa en un presidente. En un guerrero en plena batalla. En un pintor célebre. En un programador informático. En un médico. En un futbolista. En un faraón. Las mujeres de este libro son todas esas cosas y muchas más”. La propuesta corre a cargo de Kate Schazt, autora junto a la ilustradora Miriam Klein de Mujeres radicales del mundo (Capitán Swing), volumen que repasa precisamente algunos de esos descuidos históricos.
Mujeres tan dispares como potentes copan este libro; la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, la activista Malala, la astronauta Kalpana Chawla, las artistas Frida Kahlo y Chavela Vargas o el colectivo de Guerrilla Girls son algunas de esas “mujeres radicales” que Schazt nos perfila y Klein ilustra. Un trabajo a cuatro manos que nos presenta cuarenta mujeres extraordinarias de todos los tiempos y lugares; desde el 2.300 aC hasta el 2016 y desde Mesopotamia hasta la Antártida. Una vuelta al mundo de la mano de un buen plantel de heroínas silenciadas cuyo arrojo y valentía evidencian que es posible aquello que en su día esgrimió la escaladora japonesa Junko Tabei—otra de esas desconocidas—: “Nunca tuve ninguna duda de que quería escalar aquella montaña, sin importar lo que la gente pensara”.
El Colectivo 'Guerrilla Girls' reivindica la igualdad
en el arte
Las primeras olvidadas
“Mi Rey, se ha creado algo que nadie había creado antes”. Estas palabras pertenecen a Enheduanna, y fueron escritas hace 4.300 años. Sí, antes de la poeta griega Safo, antes de Confucio, incluso antes de la epopeya de Gilgamesh encontramos a Enheduanna. Sacerdotisa, princesa, poeta y profesora que vivió, escribió, reinó y formó parte de la sociedad más antigua del mundo. Su historia también es la historia del nacimiento de la palabra escrita y de la civilización tal y como la conocemos. ¿Escucharon hablar de ella?
Y junto a Enheduanna, muchas otras. Tenemos a la primera y única faraona —Hatshepsut—, que luchó contra viento y marea por serlo y que, llegado el momento, pasó a la historia por promover la paz con los pueblos vecinos. Su legado fue arrasado, hasta el punto de que poderosas mujeres egipcias que la sucedieron, como Cleopatra, no supieron de su existencia. Otra insigne olvidada por la historia es Hipatia, o al menos no reverenciada en su justa medida. Nacida en Alejandría, se cuenta entre los grandes matemáticos, astrónomos y filósofos de su era. En una época en la que las mujeres estaban en su mayoría encerradas en el hogar y eran consideradas propiedad privada, la vida de Hipatia fue extraordinaria y rompió moldes.
La opresión continúa
“¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el MET?”, se preguntaban un grupo de mujeres artistas a mediados de los ochenta. La impotencia frente a un mundillo copado por hombres las llevó a una movilización que no dejó a nadie indiferente. Adoptaron los nombres de mujeres artistas ya fallecidas (como Käthe Kollwitz, Zubeida Agha o Alice Neel) y ocultaron su rostro tras una careta de gorila siempre que aparecían en público. “¡Eran las superheroínas feministas del mundo del arte!”, escribe Schazt en Mujeres radicales del mundo.
No están todas las que son, pero son todas las que están. Las madres de la Plaza de Mayo y su lucha por averiguar qué les había pasado a sus hijos desaparecidos; la literatura periférica y empoderada de Chimamanda Ngozi Adichie, o la el punk rock de una rabiosa y provocativa Poly Styrene. El elenco de este libro reclama levantar la maldición, esa que relegó a muchas de estas mujeres a los recodos de un relato escrito por hombres. “Hay un famoso refrán que dice que la historia la escriben los vencedores. Estoy de acuerdo, pero también diría que la historia la escriben los escritores… y yo soy una. Y por eso he escrito este libro”, escribe Schazt a modo de epílogo. De eso se trata precisamente, de rellenar con sus voces nuestros silencios.
Juan Losa

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