Poco a poco se fueron apagando las lucecitas de la ciudad hasta alcanzar la oscuridad total. Primero fueron bombillas secundarias que alumbraban en los barrios de la periferia y aquello pareció importar solo a los afectados. El resto de los ciudadanos siguieron a lo suyo, pensaron que bastante gordos eran sus problemas como para ocuparse de nimiedades. ¡Que les importaba a ellos que se apagaran unas bombillas que nunca utilizaron! De hecho, en la mayoría de los casos, ni siquiera sabían de su existencia. El segundo apagón fue más visible. Buena parte de la ciudad lucia a medio gas y gran parte de la población tenía ya problemas de iluminación. El futuro empezaba a pintarse más negro cada día y por las cabezas bullían reflexiones sobre si no se habían equivocado al no oponerse a los primeros apagones parciales. Ahora, ellos, se encontraban tan solos en su problema como se encontraron antes los primeros afectados. Anoche, la oscuridad era casi total. Apenas unos centenares de viv...