El terrorismo yihadista no parece un problema sencillo de afrontar. Cuanto más ahondamos en su análisis, más complejo parece hallar una solución. De lo que no cabe duda es que sería necesaria una estrategia global que abarcara varios frentes: interferir sus vías de financiación (aunque es un asunto complicado porque algunas no provienen de los pozos de petróleo sino de secuestros y extorsiones en las zonas ocupadas); que Occidente deje de suministrar armas que acaban en sus manos; obligar a posicionarse a los países del Golfo pérsico o hackear masivamente las páginas proselitistas que pueblan internet podrían formar parte del paquete de respuestas. Ministro de Defensa pasando revista a las tropas Pero no basta. Hacen falta otras medidas estructurales que atañen a la política exterior e interior de los países occidentales. Para enfrentarnos a esta cuestión con algo de superioridad moral, Occidente necesita hacer autocrítica. Nuestras intervenciones en muchos conflictos ...