Mercedes Arancibia En menos de un mes, los ciudadanos de buena voluntad estadounidense se han sentido conmocionados por dos crímenes de tintes claramente racistas. Tras la muerte en febrero de Trayvon Martin, un adolescente afroamericano de 17 años, asesinado en Sanford (Florida) por un agente voluntario de seguridad, de origen hispano, porque llevaba « capucha y algo extraño en la mano », el domingo 25 de marzo de 2012 falleció la iraquí Shaima Alawadi, a la que unos días antes habían atacado en su casa de El Cajón, California, porque “llevaba velo”. A Shaima, de 32 años, la encontró inconsciente una de sus cinco hijas, en el salón de la vivienda familiar. Le habían golpeado salvajemente. Cerca del cuerpo, el asesino dejó una carta acusándola de « terrorista ». Una semana antes, la familia Alawadi había había recibido otra misiva: “ Es nuestro país, no el vuestro, especie de terroristas” . Shaima llevaba diecisiete años viviend...