Cartel electoral de Cospedal en las autonómicas de 2011 Desperezo la modorra y una lágrima negra cae por mi mejilla. Una rara perla sin valor que brota con la misma espontaneidad con la que se evapora. Nacida de un lagrimal agotado por tanto llanto silencioso a que nos invita el mundo de nuestros días. Intento contraponer al dolor un punto de alegría pero no lo consigo. Rebusco en mi interior y no encuentro motivos para reír. Si acaso, consigo dibujar una mueca irónica en los labios según escucho a los portavoces populares o leo a ciertos plumillas. “Missifuz”, el gato, se acurruca a mi lado mientras leo y releo a Cervantes. “Goldy”, la labradora, clava su limpia mirada en la mia en una comunión sincera en la que sobran las palabras. Mirándolos a ambos no dejo de preguntarme sobre su “condición” animal. En el siglo VI antes de la era cristiana existió un poeta griego llamado Epiménides que aseguraba haber pasado cincuenta y siete años durmiendo. Plutarco corrigió al mentirosill...