( Dedicado a l@s abuel@s indignad@s de la ínsula de Barataria) Grupo de Yay@flautas manifestándose en Madrid Ayer me abordó en la calle una mujer llamada Charo. No la conocía personalmente. Me contó que pertenece a una asociación de abuelos indignados y me hizo un encargo que gustosamente trataré de llevar a cabo. Charo, junto a otras personas mayores, no se resigna a quedarse en la cuneta del ostracismo a que son relegados muchos jubilados. Puede que sus ojos o sus piernas no cuenten con la viveza y la agilidad que gozaron en sus años mozos. Pero su corazón sigue manteniendo esa chispa de rebeldía que se prende frente a la injusticia e hipocresía de una sociedad que parece rendida a los argumentos de los poderosos. En realidad, Charo y sus amigos son más jóvenes que esos ancianos prematuros, cadáveres con carcasas maqueadas, que deambulan por la vida como nuevos fariseos, siempre prestos a descargar la frustración de sus estériles existencias sobre las víctimas del sistema mie...